Arte Barroco

El período Barroco se ubica entre los períodos Manierista y Rococó (Aunque algunas definiciones llegan a incluir a ambos movimientos como parte del barroco y por ende lo sitúan entre el arte del Renacimiento y el neoclásico), en un tiempo en el cual la Iglesia Católica tuvo que reaccionar contra numerosos movimientos revolucionarios culturales que produjeron una nueva ciencia y nuevas formas de religión (Reforma).

Se ha dicho que el Barroco en Arquitectura es un estilo que podría dar al papado un camino formal imponente de la expresión que podría restaurar su prestigio, al punto de hacerse de alguna manera simbólico de la Contrarreforma. Con eficacia, fue con éxito desarrollado en Roma, donde la arquitectura barroca renovó ampliamente las áreas centrales con la adición (o revisión) urbanística más importante. Pero muchos otros ejemplos son encontrados en otras ciudades europeas (y en las Américas españolas). Tiene que notarse sin embargo que el Barroco abarcó muchas artes, y no solamente la Arquitectura; fue una innovación cultural general.

La palabra "barroco", como la mayor parte de las designaciones de un período o de un estilo, fue inventada por críticos posteriores más que practicantes de las artes en el siglo XVII y principios de siglo XVIII. Es una traducción francesa de la palabra portuguesa "barroco" (en español sería barrueco), perla irregular, o joya falsa. Una palabra antigua similar, barlocco o brillocco, es usada en el dialecto romano con el mismo sentido. Algunos autores creen que viene de una palabra italiana barocco - una figura del silogismo. Una definición común, antes del término Barocco fue Vuelo de Formas.

Nombre de la obra: "La cena de Emaús"

Autor de la obra: Caravaggio

Surrealismo

Los términos surrealismo y surrealista proceden de Apollinaire, quien los acuñó en 1917. En el programa de mano que escribió para el musical Parade (mayo de 1917) afirma que sus autores han conseguido

una alianza entre la pintura y la danza, entre las artes plásticas y las miméticas, que es el heraldo de un arte más amplio aún por venir. (...) Esta nueva alianza (...) ha dado lugar, en Parade a una especie de surrealismo, que considero el punto de partida para toda una serie de manifestaciones del Espíritu Nuevo que se está haciendo sentir hoy y que sin duda atraerá a nuestras mejores mentes. Podemos esperar que provoque cambios profundos en nuestras artes y costumbres a través de la alegría universal, pues es sencillamente natural, después de todo, que éstas lleven el mismo paso que el progreso científico e industrial.
La palabra surrealista aparece en el subtítulo de Las tetas de Tiresias (drama surrealista), en junio de 1917, para referirse a la reproducción creativa de un objeto, que lo transforma y enriquece. Como escribe Apollinaire en el prefacio al drama,

Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a una pierna. Del mismo modo ha creado, inconscientemente, el surrealismo... Después de todo, el escenario no se parece a la vida que representa más que una rueda a una pierna.

Impresionismo

De representar las cosas como sabemos que son -conocimiento intelectual- a representar la móvil apariencia con que las reciben los sentidos, sometidas a todas las influencias del medio -conocimiento experimental-, es la distancia que hay de Courbet a los impresionistas.

Las novedades técnicas y teóricas que éstos traen exigen un estudio detallado, pero bueno es advertir que al movimiento impresionista no le faltan antecedentes. Rembrandt, Velázquez, Hals, Watteau, Fragonard, Goya, Delacroix, el mismo Courbet, y aun antes, los venecianos, habían venido preocupándose por la luz y sus efectos sobre las cosas. Muy cerca están también tres pintores ingleses, que, por el énfasis que dan a la luz, adelantan el primer postulado del impresionismo; Richard Bonintong (1802-1828) y sus compatriotas Turner y Constable.

Pero en estos años de la segunda mitad del siglo XIX, con los descubrimientos que hace la física sobre la naturaleza de la luz, cuando se despierta en los pintores un interés más vivo sobre los fenómenos luminosos y su aplicación a la pintura. La luz es el vehículo necesario de toda impresión visual, por lo que es lógico que constituya la primera y principal preocupación del pintor. Es la luz solar la que, cayendo con mayor o menor inclinación, con intensidad distinta, directa o reflejada, sobre las cosas, engendra la ilusión del color y de la línea, que es inherente al fenómeno de diferenciación de los colores. De manera que lo que nosotros vemos, en rigor, no son los objetos sino las manchas coloreadas -atmósfera, luz- que las envuelven y que es lo que hay que pintar, pues es lo cierto que, a pesar del carácter irreal de la impresión, para el pintor tiene el mismo valor que la realidad objetiva.

Como resultado de esta teoría, la técnica pictórica sufrió una profunda transformación. Puesto que la retina viene a ser el laboratorio donde los colores, que llegan separados, se unen y combinan según leyes de simpatía para dar la sensación última, se hacía innecesaria loa mezcla en la paleta, y bastaba, para el fin propuesto, su yuxtaposición, observando las leyes de complementariedad y contraste.

En consecuencia, los impresionistas compusieron una paleta de colores puros, desterrando los tonos oscuros, neutros y grises que no aparecen en el espectro solar, con lo que el resultado es una pintura luminosa, de tonalidades vivas y claras. El procedimiento tiene, además, una indudable ventaja: la de que, realizándose la mezcla con luz coloreada, el tono resultante es de una limpieza que jamás la puede lograr la mezcla física de los pigmentos.

Como todo este maravilloso mundo coloreado, para hacerse visible, requería la colaboración de la luz libre, los impresionistas se dedicaron, sobre todo, al paisaje, dando origen a la pintura llamada plenairista o al aire libre.

Pintura realizada en un rio sobre un bote